Hace unos días decidí vivir, conocer y caminar las frías laderas del Nevado del Ruíz – y aunque no deja de impresionar su belleza por las extrañas plantas del páramo – quedé altamente preocupado al encontrar un nevado sin nieve como consecuencia del cambio climático.
El Ruíz o Kumanday (Nariz humeante), como era conocido por los indígenas encierra magia y melancolía pues su capa agrietada evidencia el deshielo que afecta el futuro de las cuencas y la red hídrica que abastece de agua a cerca de 40 municipios de Colombia.
Glaciólogos del Ideam pronostican que el nevado desaparezca de la geografía colombiana en menos de 20 años cuando lo poco que queda de glaciar se ha perdido dejando en el paisaje grandes porciones de tierra y roca.
El Ruíz, contaba en el año 1850 con 47 kilómetros cuadrados de glaciar y para los escaladores y ambientalistas resultaba un privilegio recorrer cada rincón de su majestuosa meseta. Ahora, sólo le queda 8 kilómetros cuadrados de glaciar y una nevada termina siendo una bendición para su existencia y para las actividades domésticas de más de tres millones de personas que se surten del agua que produce el páramo.
La tala de árboles y el acaparamiento de tierras de empresas industriales que controlan agua, minerales y bosques resultan siendo los responsables del aumento en la producción del Co2 causante del cambio climático que tiene a Colombia con la más aguda escasez de agua de su historia y con nuestros nevados en vía de extinción.
A más calor menos agua y si no tomamos conciencia para contrarrestar los efectos de fenómenos como el niño, estaremos padeciendo el abastecimiento de productos como café, arroz y algodón. ¡La tierra es de todos!
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