Mario Germán Fernández De Soto

El riesgo del populismo

Mario Germán Fernández De Soto

En la segunda cumbre por la democracia, convocada por la administración de Joe Biden, se discutirá sobre cuál es el peor enemigo de la democracia y se puede llegar a la conclusión, en mi opinión, que es, desde luego, el populismo.

Es claro que debe fortalecerse la democracia contra el autoritarismo, y la mejor manera de hacerlo es a partir del Estado de Derecho, combatiendo la corrupción y promoviendo los derechos humanos. Es necesario de esta manera consolidar la gobernanza en todo el mundo para garantizar el orden social y la convivencia ciudadana.

Desde la guerra de Rusia y Ucrania el orden mundial ha sido alterado, por lo que se debe poner freno a los gobiernos autócratas, basados en la aplicación de las normas constitucionales de cada nación como fundamento de la libertad y el orden, complementándose con los principios de libertad territorial y soberanía.

Los gobiernos no pueden caer en el populismo como una amenaza contra la democracia siendo muy atractivo para los líderes con tendencia dictatorial. No se trata de instaurar estados democratizados en el que se tiene un remedo de democracia con un sistema autoritario con visos democráticos.

La democracia es la voluntad del pueblo fundamentada en el estado de derecho.

Una sociedad no debe ser manipulada por los gobernantes a través del llamado “estado de opinión” para llevarlo al populismo.

Colombia no puede seguir caminando hacia el populismo en donde se anuncian cambios permanentemente con el prurito de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, los que no han logrado satisfacer los anhelos de las mayorías demostrado anticipadamente en las encuestas de opinión que denotan la caída de la favorabilidad de la gestión del gobierno nacional.

Si las distintas reformas presentadas por el gobierno del presidente Petro en la salud, en lo laboral, la pensional, transición energética y la llamada “paz total”, entre otras, no logran ciertamente mejorar la calidad de vida de los colombianos, padeceremos la desconfianza de toda una sociedad en sus instituciones, lo que podría conllevar al descontento social y empresarial produciendo el desestimulo de la inversión en sectores tan importantes para el fisco nacional como la explotación de hidrocarburos, el desarrollo de la infraestructura y de las telecomunicaciones.

El gobierno representado por sus ministros tiene que consensuar las decisiones para acertar con iniciativas que puntualmente transformen positivamente el devenir ciudadano.

No puede tratarse simplemente de aventurar al país en cambios que impacten sobre cada ciudadano afectando su bienestar comenzando por el alto costo de los alimentos y los servicios básicos indispensables que sufrimos en la actualidad.

Flaco servicio se le hace a la patria si a los bloqueos que ya tenemos se suma ahora la incitación presidencial a la sociedad para salir a las calles dizque para apoyar las reformas causando mayor malestar ciudadano y confrontación general.

Los “cambios” bien hechos y productivos para todos pueden llegar por la razón de manera consensuada y no por la imposición de la “aplanadora gubernamental”.

Bienvenido el “gobierno del cambio” siempre y cuando sea para mejorar de verdad sin que ello nos conduzca al riesgo del populismo.

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