La historia personal de Petronio Álvarez, cuyo nombre fue escogido emblemático para el festival de Música del Pacífico, bien se merece una serie de televisión tal como se hace con otros juglares de la música colombiana. Eso permitiría que conociéramos anécdotas del autor de “Mi Buenaventura”, el currulao que universalizó a la cultura del Pacífico.
Quienes en alguna oportunidad pidieron el traslado del festival a Buenaventura, argumentando que era el sitio ideal porque fue la cuna del compositor, desconocían que tras jubilarse de su oficio de maquinista del ferrocarril, Petronio Álvarez realmente vivió sus años de artista bohemio en tabernas de los barrios San Bosco y San Nicolás de Cali.
Ni en su infancia, ni en su juventud, por razones de pobreza y los horarios de trabajo, tuvo la oportunidad de vincularse a los grupos autóctonos de marimba. Sí compuso varios temas, inspirado en vivencias sociales, por ejemplo, “Bochinche en el cielo”, “El overol” y “Roberto Cuero”, entre otros, que luego cantaba a viva voz para deleitar a los pasajeros de su locomotora. “Mi Buenaventura” se conoció en las voces de Tito Cortez y Leonor González Mina y recorrió el mundo con Luis Enrique Urbano Tenorio, “Peregoyo” y su combo Vacaná.
El talento de Petronio afloró cuando el pícaro niño se las ingeniaba para vender las empanadas de cambray preparadas por su madre Juana Francisca Quintero: “Empanadas de cambray/ para las viejas, aquí hay/ el que no me las compre/ déjelas ahí”. Cada año con el Festival de Música del Pacífico “Petronio Álvarez”, el Maquinista Trovador o Rey del Currulao, vuelve a toda máquina.
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