El precio del poder

Carlos Cuervo

Desde que el hombre se organizó en sociedad, la puja por alcanzar el poder en su hábitat ha sido el motivo de intrigas, pugnas y crímenes.

En Roma Cayo Sempronio Graco fue asesinado  en el 121 a.c. por su espíritu reformista con el cual pretendía transformarla en un conglomerado de pequeños propietarios. 2090 años después Richard Nixon protagonizó un gran escándalo político  y debió renunciar a la Presidencia de USA por el espionaje realizado en contra de periodistas y políticos en un intento por obtener facilidades en su reelección; vaya  costo el asumido para continuar en el poder.

A pesar de los esfuerzos desplegados por estos hombres, el  resultado negativo sobrepasó con creces el trabajo político de cada uno, comprobando cómo el precio del poder es tan elevado como la libertad o la vida.

Otra herramienta utilizada en esta lucha es satanizar al contrario, aunque no siempre se  consigan los efectos esperados. El exceso de crítica victimiza al afectado, causando en algunos casos un efecto opuesto al perseguido.

Los cuestionamientos con inquina a Angelino y Dilian sobre sus comportamientos éticos, por algunos exponentes del periodismo, resulta casi morboso, y el costo para nuestra sociedad es muy alto.

Este proceder nos divide con vehemencia,  conviertiendonos en parias ante las autoridades nacionales.

Cada adjetivo impropio favorece la pérdida de credibilidad en la dirigencia y solo conduce a mancillar la imagen de la región, alejándonos de la senda del progreso. ¿Valdrá la pena? Es el interrogante que debemos resolver.

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