Su formación de antropólogo en el Brasil le permitió conocer e interpretar al Litoral Pacífico en la expresión sápida de los sabores y aromas de su maravillosa gastronomía, plasmándola en el infaltable libro Fogón de negros, que le sirvió para ganar el Premio Andrés Bello de memoria y pensamiento iberoamericano en el 2006.
Con la invaluable colaboración de la inteligente María Helena Quiñónez, secretaria de Cultura de Cali, Germán Patiño Ossa institucionalizó en el burgo el Festival de Petronio Alvarez, en honor al músico porteño que inmortalizó Mi Buenaventura.
Sin perder su autenticidad, Petronio se formó musicalmente compitiendo con las orquestas de los barcos de la Italian Line que atracaban en Buenaventura rumbo a Chile. Esto explica los vientos -trompeta y saxofón- en el ritmo de Álvarez. Era el jazz de Benny Gutman, Tommy Dorsey y el ronco Lou Armstrong. Fueron los tiempos de gloria del Hotel Estación.
Germán Patiño, conocedor de la Región Pacífico, unió la coherencia de la gastronomía y la música del currulao. Toda esta dinámica del sonido musical, de la danza de los fogones del sancocho de pescado, deben continuar para honrar la buena enseñanza y memoria del gran ausente.
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