Es doloroso ver a personajes como Benedetti o Roy Barreras, por mencionar algunos, adoloridos con la derrota del Sí. Igual sucede con columnistas de El Espectador y El Tiempo, así como reconocidos programas de opinión, generados desde Bogotá. Es como si les estuvieran exigiendo la devolución del dinero recibido por la campaña adelantada, ventajosamente, desde el mismo Gobierno.
Se han dedicado a magnificar lo dicho por el exsenador Juan Carlos Vélez, exgerente de Centro Democrático, quién burló la confianza brindada por sus compañeros de grupo político, pero no dicen nada respecto a lo dicho por el Presidente en Medellín, que si el Sí perdía al día siguiente las Farc atacaría con bombas las principales ciudades del país. No fue cierto.
Igual sucedió con Humberto de La Calle, quién junto al resto de sus compañeros, dijo “que ese acuerdo era el mejor logrado”. Ahora reconoce que se pueden hacer ajustes. O la grosería de monseñor Darío Monsalve, de Cali, cuando aseguró que solo los honestos votarían por el Sí, pero, lo que es peor, cuando el Mandatario, al día siguiente de recibir la noticia de su Nobel de la Paz, tildó de ignorantes a quienes votaron por el No.
En fin, se ha venido manejando una sistemática palabrería incendiaria con la que pretenden desconocer que el acuerdo fue rechazado por los colombianos. Es un resultado y debe respetarse. Lo contrario sería antidemocrático. Lo que debe preocupar es por qué solamente votaron 12 millones mientras 38 millones no lo hicieron. Esa es la gran pregunta. Cuanto antes debe lograrse un acuerdo general, sin más preámbulos.
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