Dos sorpresas cercanas, la renuncia de un Papa y el nombramiento de un jesuita suramericano, ahora llamado Francisco. Con su renuncia Benedicto XVI concluyó su vida dentro de las jerarquías activas de la iglesia y pasó a ser un Papa en la sombra, una figura extraña, porque por costumbre los papas terminaban su carrera con la muerte. Al renunciar decapitó de contera a los jerarcas que enturbiaron su mandato e impidieron las reformas que él quiso, pero que las ambiciones personales y la corrupción taponaron. Le corresponderá al Papa latinoamericano emprender esas reformas para evitar que la Iglesia decrezca y se estanque.
Hoy el Vaticano como Estado minúsculo dentro del derecho internacional, pero poderoso por tener una población dispersa de más de 1.200 millones de adeptos, con templos en muchos países y bienes incalculables, sigue siendo el centro de atención por tratarse de una iglesia monoteísta de la cual se derivaron otras de carácter cristiano.
La reforma Luterana llevó al concilio de Trento pero la división no se pudo evitar. La obsolescencia de varias prácticas tiene a la Iglesia católica en una crisis de la cual no saldrá sin las reformas necesarias. ¿Será el Papa Francisco capaz de emprenderlas? Por los antecedentes en las posturas como cardenal parece que no. Las reformas que requiere la iglesia tienen que ver con temas como el aborto, el uso del condón, el celibato, la pederastia, el impedimento a las campañas de renovación impulsadas por la teología de la liberación, etc.
A) Dejar casar a los curas es lo primero. No son célibes, por ello buscan parejas clandestinas o caen en la persecución de muchachos que son traumatizados de por vida. B) Adaptarse a la jurisprudencia y legislación transnacional sobre el aborto, permitido por el derecho para evitar riesgos a la vida de la madre. C) el uso del condón es un tema de salud personal, asepsia y y no es un aborto previo ni un crimen. D) Los curas renovadores atraen feligreses, los curas progresistas se identifican con los excluidos, petrificar las reformas, es estancar la iglesia amenazada por la competencia de la dispersión cristiana.
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