Nuestro país se siente sin guía, desorientado, desconfiado. Sabe que algunos miran para otro lado gracias a la desmesurada “mermelada” que reciben, y que otros son pusilánimes, esperando que también les llegue “mermelada”.
Tenemos un presidente viajando por todos los países que se le ocurran, proponiendo y firmando TLC a diestra y siniestra o, buscando apoyos para su nominación al premio Nobel de la Paz. Vaya a saber uno. Lo cierto es que esos tratados comerciales ya nos están haciendo daño. La industria, en general, desacelerada, padeciendo quiebras y provocando desempleo. El contrabando haciendo mella, impresionante. El doctor Ortega, el de la Dian, haciendo ingentes esfuerzos por recoger harto dinero y convertirlo en “mermelada” y tener a todos alrededor de la reelección.
Por otro lado, el partido Conservador elige como su presidente a Omar Yepes, un dinosaurio atravesado en la renovación. Un partido con ideales perdidos, pegado de lo que el “rico Epulón” les lance desde la mesa del poder. Y el partido Liberal feliz, porque recuperó el color de su bandera, burocracia y “mermelada”; dirigido por un congresista imberbe, impactado por el poder; con un Serpa redimido, dispuesto a encabezar lista al Senado, igualmente dinosaurio.
Y Gaviria papá y Samper, aconsejando, diagnosticando, recogiendo pasos. Sin ética moral, recordando sus tiempos de otrora, aparecen ahora como los nuevos líderes del siglo XXI. Vaya país el nuestro. Y el Polo, sin una izquierda unida, soñando con el poder y la “mermelada” de Samuel Moreno y Petro. Y con la de Chávez. Y el partido Verde, verde. Razón tenía Nicolás Gómez Dávila, cuando dijo: “Cuando las codicias individuales se agrupan, acostumbramos bautizarlas como nobles anhelos populares.”
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