Pocos días antes del Día Mundial de la Poesía, que por Declaración de la Unesco se celebra el 21 de marzo, la ciudad recibe en donación un edificio, que desde 1969 es patrimonio arquitectónico cultural. Por estar cerradas sus ventanas durante varias décadas, faltaron desde su interior las miradas que pudieran testimoniar sobre la suerte cruel de la zona, iniciada con la demolición del hotel Alférez Real.
De nada valen los aplausos de regocijo por el regalo recibido, si se olvida que cada vez que en las ciudades construyen los nuevos edificios lo primero que diseñan sus arquitectos son los entornos, estéticos y amplios, para que el público tenga una buena impresión antes de acceder a las entradas y ascender a sus pisos. Cuando la ciudad recibe en donación el antiguo edificio de Coltabaco, la Administración Municipal no puede seguir siendo ciega ante la urgencia de restaurar el Parque de los Poetas, a escasos 10 metros de su fachada. Antes de discutir sobre el destino que se le dará a la pieza arquitectónica patrimonial, tiene que planear cómo ofrecer un entorno digno, donde esta zona central de la ciudad no siga siendo una vergüenza para la tradición cultural caleña, los bienes patrimoniales y la poesía vallecaucana.
La Unesco pretende que los países inviten a sus poblaciones a reflexionar sobre el poder de la palabra y al florecimiento de Las capacidades humanas, poéticas y creadoras. Pero le faltó señalar sanciones contra los administradores públicos responsables del deterioro de los bienes, ofensivos del arte y la poesía. Sería irresponsable dejar tirado el regalo de Cali.
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