En los próximos días la Superintendencia de Puertos y Transporte presentaría un plan de salvamento para evitar una suspensión del servicio del sistema integrado de transporte masivo de Cali, causada por el incumplimiento para alcanzar la demanda proyectada de 950 mil pasajeros.
Esta y otras irregularidades resumidas en la quiebra técnica y económica del MIO la hemos denunciado sin que los alcaldes, presidentes de Metrocali, juntas directivas, Gobierno Nacional y organismos de control hayan querido hacer los correctivos necesarios para proyectar la sostenibilidad del proyecto en el largo plazo.
Lo peor es que el actual presidente, Luis Fernando Sandoval, no tiene la experiencia en masivos ni en administración pública ni la jerarquía para corregir once años de desaciertos.
La solución no es otra que intervenir la empresa, reestructurar técnica y económicamente el sistema, que conduzca a un rediseño total, partiendo de un verdadero plan de movilidad de la ciudad y un nuevo plan de cofinanciación Nación y Municipio, previo cierre financiero del proyecto. Lo demás son aspirinas.
El MIO arrancó mal desde su mal llamada estructuración técnica por parte de la Nación, con una prefactibilidad llamada factibilidad y unos gobiernos municipales que privilegiaron los contratos, los negocios, la politiquería y la corrupción, por encima de la orientación técnica del principal proyecto de nuestra generación.
A Rodrigo Guerrero le cabe doble responsabilidad, pues estas denuncias argumentadas las recibió durante cuatro años en el Concejo y no le interesó suficientemente el problema. Por ello, tiene el deber y el compromiso de ordenar de fondo la salvación del transporte masivo de Cali, pues no es si no que eleve tarifas y el pueblo saldrá a la calle.
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