Que yo recuerde, en la corta historia de la implementación del MIO, no se había presentado un presidente que, como Nicolás Orejuela, haya decidido convertir la salvación de este proyecto en un ejercicio vital, comprometiendo su presente y su futuro político.
De la decena de presidentes que ha tenido el MIO, Orejuela ha sido el único que le ha dado sentido político y lo ha conectado con la comunidad, tratando de explicarnos a los caleños que efectivamente sí hay algunas lucecitas de viabilidad para este sistema de transporte, que en mala hora reemplazó y nos quitó a los caleños la oportunidad de haber contado con un metro ligero, que hubiera reurbanizado y destugurizado la ciudad, como ha acontecido en otras partes del mundo, cumpliendo con la tarea de acortar el tiempo de traslado del hogar al sitio de trabajo y de estudio, que es entre otras cosas la única razón histórica para el invento de estos sistemas después de la revolución industrial.
Las circunstancias de lugar, tiempo y modo, le han facilitado a Nicolás la elaboración de una ruta de confianza, alimentada por diversos eventos de visibilización de las dificultades y las oportunidades que todavía le quedan al MIO, para que cumpla aunque sea precariamente con los beneficios que hubiera tenido para la ciudad el Metro Ligero.
Esta lucha titánica que a la manera de un evangelizador emprendió Orejuela desde el momento mismo en que recibió la Presidencia de su tortuoso antecesor, lo ha identificado como el funcionario más aterrizado y competente del frágil gabinete de la actual Administración.
El MIO y su futuro dependerán de como cristalicen todas las gestiones de Orejuela, pues los esfuerzos por refinanciarlo una y otra vez han estado liderados por él, corriendo todos los riesgos, al punto que ya está en firme la puesta en marcha de los buses eléctricos y una estrategia de financiación, que ojalá encuentre luz verde en el Concejo Municipal.
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