La realidad de las EPS en Colombia supera todo lo que pasan por televisión y publican los periódicos. Voy a comentar un caso personal: Soy afiliado a Comfenalco. Soy paciente de riesgo cardiológico y hasta hace unos meses el servicio era bueno. El proveedor externo atendía con diligencia y las citas se pedían con suprema facilidad. Hace dos o tres meses cambiaron los proveedores y la atención de cardiología, algo tan delicado, pasó a la Clínica Nuestra Señora del Rosario. Me enviaron a hacerme un ecocardiograma y un holter.
Me los hicieron y el cardiólogo Álvaro Barrera me dio una orden de consulta para dentro de tres meses, que ya se cumplieron. Pero llevo cuatro días marcando el teléfono 4895755, insistiendo por más de una hora continuamente y no responden. Uno escucha un mensaje grabado pero no hay atención. He recurrido a la Personería y La Superintendencia de Salud.
Se me olvidaba contar que fui a la Sede Norte de Comfenalco donde me corresponde y me dijeron que llenara un cupón y lo dejara en un buzón. ¡ Cómo les parece! La señora a quien le expuse el caso estuvo y solo escuchaba la grabación.
Espero que a través de la Superintendencia de Salud o de la Personería consiga mi cita, seguiré esperando y marcando el 4895755, sin que nadie salga al auricular. Uno se siente impotente, maltratado. Esto en realidad merece una sanción.
Estoy escribiendo esta columna porque expone un caso más de ese fracaso que son las EPS, y más ahora, que sabemos han hecho recortes y contratan proveedores de mala calidad. Las víctimas somos los pacientes. Quedamos indefensos.
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