Viniendo hacia Cartagena he comprado el libro de William Rodriguez, titulado No elegí ser el hijo del cartel, un texto biográfico de su relación con su padre y su tío. Escrito ahora que es una persona protegida por el gobierno americano.
Es el primer libro de un heredero de ese apellido. El otro, el librito de un hijo de Gilberto es una basura.
Sin embargo, el libro de William no trascenderá, cuenta lo que se conoce y algunos detalles de su vida personal.
Empieza contando el atentado que le hizo el cartel del Norte del Valle. De resto, no hace declaraciones políticas o denuncias que no estén contadas en otros relatos. El problema del llamado cartel de Cali es que no existen testimonios vibrantes ni fuentes diversas, a diferencia del cartel de Medellin, donde ya se hacen libros sobre los ya publicados.
Pablo Escobar es una leyenda, mientras los Rodriguez Orejuela son dos adultos mayores que se mueren en una cárcel de Estados Unidos, bajo el lema del silencio, sin querer hundir a sus viejos aliados políticos, o los bancos, o los arquitectos, o los ingenieros, ni siquiera las mujeres bellas que buscaban su fortuna. Es una historia que pareciera no tener ningún interés. Claro, que no es asi, pero es el formato que tiene hoy en dia.
William, quien llegó en un momento dado a encargarse de muchos negocios de su papá, como el mismo América, pasa por encima de las truculencias, digamos que es un libro blanco, hecho con los guantes. Tiene interés para algunos en Cali, para quienes conocimos a William, pero nada mas. Sin embargo, es el primer testimonio cierto de un Rodriguez Orejuela.
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