Hace unos meses, a raíz del inicio de la trágica epidemia del covid-19, época lamentable en la que se incrementó la corrupción en el país gracias a las ambiciones monetarias de gobernantes locales y territoriales, salieron a relucir por la televisión nacional, como si se tratara de un reality de la moral, los jefes máximos de los tres órganos de control y justicia (Fiscalía, Procuraduría General y Contraloría General), jurando y rejurando que “estaban adelantando severas investigaciones en las que estaban comprometidas grandes sumas de dinero correspondientes a los presupuestos de algunos departamentos y municipios”, invertidas en contratos leoninos que no tenían razón de ser y que violaban el Estatuto de Contratación, entre los que predominaban los “famosos mercados” para la gente muy pobre. Prometieron caerle con todo a los corruptos. El país se emocionó y pensó que al fin caerían los responsables de tanto desafuero financiero, fiscal y político pero, para sorpresa general, solo sancionaron a gobernantes de pequeños poblados como para disimular el “fracaso” de los inolvidables tres tenores. Extrañamente, estos “tenores” dejaron de aparecer en la TV y sus informes quedaron en el limbo cuando empezaron a sonar algunos “peces gordos” a los que, por algún compromiso político o por no cortar carreras políticas, no quisieron mortificar, es decir, hicieron mutis por el foro.
Pues todo esa payasada oficial, que solo ha servido para que el país pierda la confianza en organismos, en funcionarios públicos y en la clase política, tiene al país, hoy, en las mismas de siempre, sumido en actos de corrupción que laceran el alma de los colombianos de bien. Se rumoró que los tres tenores fueron “comprados” con altas sumas de dinero, que los calló definitivamente. Vaya uno a saber. Lo cierto es que se aproximan elecciones de toda índole y los políticos, con sus líderes prepago y post-pago, están desesperados porque la gente no quiere ir a reuniones, no quiere salir a reuniones políticas, no desea que les toquen las puertas de sus casas para invitarlos a acompañar a los que aspiran a curules y a gobernar. Los colombianos se “mamaron” de tantas mentiras, de promesas incumplidas y, lo más grave, de tanto ladrón que se aprovecha de la política para enriquecerse de la noche a la mañana sin jugar lotería.
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