“La paz se nos va a ir de la mano”. Esta fuerte sentencia la expresó el fiscal general en una charla a la que asistí invitado por la Unidad de Acción Vallecaucana.
El funcionario, reafirmando lo tortuoso que es el camino para refrendar la paz, advirtió: “la paz no es solo silenciar los fusiles, es garantizar la oportunidad de cerrar las brechas sociales”, consideración que reafirma cómo la inequidad y la iniquidad son el germen del descontento social y mientras no se eliminen, serán la fuente de nuevos conflictos.
Además en tono grave denunció cómo con un equipo interdisciplinario de 300 hombres revisa más de 5 millones de archivos, en los cuales ha logrado descubrir bienes como cabezas de ganado hasta empresas con las cuales las Farc han legalizado el dinero producto de la extorsión, secuestro y narcotráfico. Activos que se incautarán para usarse en los programas para resarcir a las víctimas.
También anotó que por la nula presencia del Estado en las zonas de influencia de las Farc surge otro obstáculo por resolver y es la administración del territorio. Porque la subversión ahora concentrada en las zonas veredales ha sido sustituida por otros grupos armados de tal forma que los habitantes de esos territorios acuden a los nuevos actores ilegales para que ellos asuman las acciones que la guerrilla tomaba dirimiendo conflictos, administrando justicia y realizando el control territorial.
En síntesis, nos enfrentamos a un largo desafío y si queremos afincar el proceso y consolidarlo tendremos que actuar al unísono instituciones y ciudadanía para ir en la misma dirección.
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