Terminó la legislatura ordinaria el pasado 16 de diciembre y no obstante estar reunidos sábado y domingo el Congreso no quiso pupitrear la reforma tributaria, que según los entendidos en la materia golpea el sector laboral de la población, sobre todo al trabajador independiente.
El Presidente de la República se reunió con todas las bancadas de la Unidad Nacional, tratando de convencer a sus integrantes de las bondades de dicha reforma tributaria; presentándose un duro pulso entre ejecutivo y legislativo no visto desde hace ya muchos años en el Capitolio Nacional.
Fue una legislatura lenta que sin embargo tiene para mostrar al país la aprobación de la reforma constitucional al fuero para los militares, lo que indudablemente le da tranquilidad a nuestras fuerzas militares y el debate de control político dirigido por el representante Simón Gaviria al descalabro de Interbolsa y donde quedó muy claro una serie de impedimentos de los principales actores económicos del gobierno para enfrentar dicho problema, que muy seguramente le acarreará al Estado unas cuantiosas demandas por omisión en la vigilancia de semejante pirámide de cuello blanco. El Congreso de la República le cumplió al país, fue responsable en la discusión de los proyectos, cumplió su papel de control político y fue un actor muy activo del discurrir nacional y el hecho de que el ejecutivo tuvo que llamar a extras para la votación de la reforma tributaria habla muy bien de la responsabilidad de estos legisladores.
DE OTRA PARTE.- Se observa a la Contralora General de la República tratando de hundir la reforma tributaria, en el mejor papel de hacerle oposición al gobierno nacional. No hay derecho a los desafueros de esta señora que se cree que todo lo puede.
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