El dilema por la vida

Juan Camilo Vanegas

La forma más elemental de representar la vida en el ser humano es el acto de respirar. Respirar es lo que permite que el oxígeno llegue a nuestras células, se elimine el dióxido de carbono y podamos mantenernos con vida. Sin embargo, tener la capacidad de respirar, no significa que tengamos condiciones dignas para vivir (un techo donde dormir, comida sobre la mesa, estudio, etc…). Estas condiciones dependen de la capacidad adquisitiva de cada uno de los individuos y de la posibilidad de ser parte del sistema económico. Así pues, en los primeros sistemas agrarios la economía se movía en función del trueque de materias primas y/o artesanías. Luego, con la caída del imperio romano desapareció ese gran imperio protector y los campesinos, principales generadores de riqueza, se mudaron a los castillos más cercanos buscando protección de las hordas de invasores y saqueadores. A cambio de la protección entregaban una cantidad de su cosecha al señor feudal.

Posteriormente, con el crecimiento de los centros urbanos fuera de las murallas y la difusión de la moneda, la letra de cambio y los pagarés se deja atrás la economía del trueque. Finalmente, llega el capitalismo como lo conocemos hoy, donde los dueños de los medios de producción son quienes logran acumular más riqueza y tener mejor calidad de vida. En la historia de la humanidad hemos sido dependientes del modelo económico vigente en cada época para tener mejores condiciones de vida.

De tal modo, en medio de un contexto atípico generado por la pandemia del Coronavirus, los gobiernos del mundo hoy se enfrentan a la disyuntiva: someter a los habitantes a periodos de cuarentena estrictos para evitar la propagación del virus y que las personas puedan seguir respirando o permitir que podamos salir a las calles para activar el comercio y la economía. Si bien es cierto, todos necesitamos tener buena salud para vivir, pero esta no es suficiente, necesitamos la posibilidad de trabajar y producir dinero, para mantener esas condiciones que nos permiten tener una vida más o menos digna. Por tal motivo, es necesario llegar a un punto de encuentro entre la prevención y la reactivación económica.

Así pues, celebro y apoyo la iniciativa que ha tenido la administración municipal de Cali de tratar de reactivar algunos sectores de la ciudad como lo son el Parque del Perro, Granada y San Antonio. La idea es aprovechar el espacio público (calles, andenes y parques) aledaños a estos sectores, para que, manteniendo el distanciamiento social y demás medidas de bioseguridad, los negocios puedan atender a los clientes con el espacio suficiente para evitar la propagación del Coronavirus. Hace algunas semanas ya se tenía todo listo para un primer piloto, pero horas antes de que se iniciara el gobierno nacional lo canceló. Esperamos que para el próximo piloto se les entregue la confianza a los caleños y así podamos superar el dilema por la vida.

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