Una nueva polémica desató la propuesta del Presidente Juan Manuel Santos sobre la manera en que se refrendaran los acuerdos con las Farc que se logren en La Habana. Con toda razón no cayó nada bien la alternativa de crear un “congresito” para adelantar la aprobación.
La figura rememora la instaurada a principios de los 90 tras la revocatoria del Congreso y que se constituyó en una violación a las instituciones legítimas de la época.
Un “congresito” es una comisión nombrada a dedo en la que unos pocos deciden por todos. Las negociaciones con las Farc ya suponen sacrificar principios importantes para Colombia como la justicia, la verdad y la reparación. El fin no justifica todos los medios y sacrificar más la institucionalidad del país no es un inicio conveniente para la nueva historia que pensamos construir. No podemos aceptar como argumento que ante la desconfianza de las FARC por las instituciones hay que buscar nuevos modelos.
Las FARC ya tendrán el espacio para proponer reformas al Estado cuando lleguen al Congreso si son elegidos popularmente. La incorporación del grupo subversivo a la sociedad implica que empiecen respetar lo que los colombianos hemos construido por décadas, a pesar de sus imperfecciones. Permitirles que se salten el Congreso es aceptar que sigan destruyendo el país aunque lo hagan de otra manera.
Tampoco podemos aceptar como argumento que hay que buscar la manera de aprobar de manera rápida lo negociado con las FARC.
Los diálogos con la guerrilla en La Habana han tomado mucho tiempo. No tiene sentido que los que se hagan en Colombia con los ciudadanos se hagan de afán. Desde el principio, se había establecido que los acuerdos se refrendarían democráticamente a través de una Constituyente, ¿Cuál es el temor de aplicar este mecanismo?
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

