Los diálogos de paz en Cuba, la injusticia del salario mínimo, la politiquería insana de Roy Barreras y Armando Benedetti, la canasta familiar de para arriba y el rezago industrial, nos tiene en ascuas a los colombianos.
Esas cositas y otras por allí medio escondidas, han logrado anestesiarnos de una u otra manera, y nos hemos olvidado o preferimos mirar para otro lado, del tema del cambio climático, cuyas incidencias son preocupantes.
Hace poco terminó en París (Francia), la Cumbre de Naciones Unidas sobre el clima (COP21), y la verdad sea dicha, las conclusiones de la misma no ayudan a evitar las terribles consecuencias que está causando el aumento de la temperatura de la Tierra, de la que somos responsables quienes gozamos de las “mieles” de nuestro planeta.
Lo cierto es que la discusión más álgida en esa Cumbre era la posibilidad de que los países desarrollados financien a los países en desarrollo, como el nuestro, para que se adapten a las nuevas condiciones del clima. Hay desconfianza al respecto, tal vez porque existe la duda de que cualquier dinero que se le entregue a las repúblicas “bananas” se puede perder por los laberintos de la corrupción.
El presidente Santos anunciaba desde París, precisamente, que a Colombia se le ayudará con 240 millones de dólares de los noruegos, para reforestación, lo que es bueno pero, el problema es que ese dinero termine como “mermelada” en los bolsillos de aquellos congresistas de la Unidad Nacional, que todo lo cobran. Mientras tanto, la Tierra peligra, pues aumentará 2°C más caliente. Grave.
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