El Cinismo Continúa

Gabriel Velasco Ocampo

Han pasado 8 años desde que se hicieron públicas las negociaciones de La Habana. Desde entonces, el cinismo en las declaraciones de las FARC no ha cambiado. Con tristeza y repudio recordamos frases como: “Quizas, Quizas, Quizas…” pronunciada en 2012 por el narco (hoy prófugo) Jesús Santrich, cuando le preguntaban si estaban dispuestos a pedir perdón a sus víctimas. Igual dosis de desprecio emanaban las palabras del también narco y prófugo de la justicia, Iván Marquez, quien negaba tajantemente la existencia de abusos y delitos sexuales dentro de las FARC, mientras señalaba todo interrogante al respecto, de complot mediático para torpedear la paz.

Son 8 años que han servido muy poco para encontrar la verdad. Ahora, la respuesta de las FARC desde la institucionalidad, y su falta de voluntad de pedir perdón a las víctimas, sigue siendo la misma de siempre: un cinismo criminal que solamente logra re-victimizar a los colombianos, resta confianza a un acuerdo impuesto y dinamita la credibilidad sobre los miembros del partido FARC que dicen trabajar por la paz de nuestro país.

Las últimas dos semanas han servido para ver cómo los líderes del partido político de la otrora guerrilla, han mantenido una estrategia para la negación sistemática de los crímenes cometidos durante el conflicto. Todo esto bajo el amparo de la Justicia Especial para la Paz, que después de 4 años de creación, sigue sin avanzar en los casos cuyas pruebas son hechos notorios que claramente vinculan a los miembros de las FARC.

Los colombianos exigimos la verdad, la justicia y la reparación que nos prometieron frente a temas tan dolorosos como el reclutamiento forzado de menores y los abusos sexuales dentro de las filas del grupo terrorista. La respuesta, sin embargo, es que miles de mujeres víctimas denuncian no ser escuchadas por ese tribunal. Craso error.

Las declaraciones en medios de la senadora Sandra Ramirez, y el ex candidato presidencial alias “Timochenko”, desconocen los más de 9.642 casos de reclutamiento forzado, que según el Ministerio de Defensa, se dieron desde 2002, sin contar aquellos que se dieron entre 1964 y 2002, que seguramente fueron muchísimos, como se ha revelado en los testimonios de un importante número de víctimas.

Así mismo, a pesar de que la Senadora Victoria Sandino aceptara que existieron delitos sexuales, su intención de desconocer que esto era una práctica sistemática y de la cual los comandantes no tenían conocimiento, desconoce más de 1.200 casos evidenciados de delitos sexuales. Por ejemplo, los documentos encontrados en la operación Sodoma, en la cual fue dado de baja en 2008 el Mono Jojoy, y donde se encontraron pruebas de abortos obligados como política del grupo, o los testimonios recogidos por la memoria histórica en libros como “La Guerra Inscrita en el Cuerpo” donde se implica al ex comandante del gurpo terrorista, Raul Reyes, en casos de violación a menores. Todo lo anterior, sin contar las innumerables denuncias contra “Pastor Alape”, “Pablo Catatumbo”, “Carlos Antonio Lozada” y la misma Sandino, quienes hoy desde el Congreso y la dirigencia del partido, continúan afrentando con sus palabras a los colombianos.

Seguramente recibiré insultos por escribir este blog y se me tildará de enemigo de la paz, es lo de menos. Con este recuento quiero hacer un llamado a los colombianos a que no permitamos que nos cambien la historia. Estos crímenes, que la legislación internacional define como no indultables, no se pueden quedar en la impunidad, ni podemos dejar que la JEP soslaye las miles de pruebas que reposan en sus anaqueles, aparentemente condenadas al olvido.

Los colombianos no podemos permitir que reescriban nuestra historia y conviertan en estandartes morales y en figuras heroicas a quienes por más de 50 años aterrorizaron a nuestro país. Hoy vemos jóvenes justificando los crímenes de la guerrilla, mientras atacan a los militares, que por años han dado sus vidas por nuestra seguridad y en defensa de la democracia.

Hay que Pararle-Bolas. No permitamos que la impunidad siga reinando. Llegó el momento de alzar la voz y exigir, si es necesario en las instancias internacionales, que los miembros de las FARC digan la verdad.

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