La ministra de transportes anuncio la semana pasada que la vía a Buenaventura tendrá cierres totales entre las 7 de la mañana y las 8 de la noche a partir del primero de julio y hasta finales de noviembre. La decisión se toma para avanzar más rápidamente en las obras de la doble calzada entre los kilómetros 64 y 86.
Me dejó sorprendida la tranquilidad con la que la funcionaria anunció la medida solo tres semanas antes de que entre en vigencia y más que afirme que la próxima semana se empezará la socialización de la misma entre los diferentes sectores.
En sus declaraciones la ministra se limita a solicitarles a los empresarios que tomen las medidas necesarias para no afectar la actividad exportadora. ¿Es así de fácil implementar un plan B de logística que permita sortear el cierre por cinco meses de la única vía al principal puerto del país? Lo cierto es que ante las dificultades de movilidad que va a ocasionar el cierre, mucha de la carga puede desplazarse hacia los puertos del Caribe ¿Qué impacto va a tener para la economía del Valle la disminución de la actividad portuaria? En el caso de los habitantes de Buenaventura, ¿cómo se van a ver afectados? Sin duda, el abastecimiento de la ciudad va a resultar traumático, se va a paralizar el intercambio comercial y ni hablar de los daños que ocasionara al turismo.
Por poner un ejemplo sencillo, recordemos el impacto que tuvieron en Cali los cierres de vías como la primera y la quince por las obras del MIO, serán pírricas comparadas con lo que significa el cierre de la vía al mar. Realmente, ¿no hay otra manera de agilizar las obras?
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