En su última columna de opinión Alvaro Forero Tascón nos recordó las tesis de Jonathan Haidt de la Universidad de Nueva York, resaltando que la “intuición es lo que más pesa en las creencias”, la “razón es mucho menos poderosa que la intuición”, por lo que en las discusiones entre personas de sectores políticos opuestos, sobre temas cargados de reacciones intuitivas, es “improbable ejercer alguna persuasión, no importa qué tan buenos sean los argumentos ni cuánto tiempo se le da al oponente para reflexionar sobre nuestra lógica”.
El cerebro humano se compone de tres cerebros, cada uno corresponde a una etapa de la evolución, el primero es el Reptiliano, donde están el instinto y la supervivencia, seguido por el Límbico o mamífero, donde están las emociones y las percepciones no conscientes, y por último el Neocortex o cerebro nuevo, el último en la evolución donde se encuentran el raciocinio y la reflexión.
La principal pulsión del cerebro es mantenernos vivos y para ello trata de esforzarse lo menos posible para ahorrar energía, por eso el cerebro reptiliano y el mamífero predominan en la mayoría de nuestras acciones, toma tiempo, esfuerzo y entrenamiento que el cerebro nuevo, el “más evolucionado”, entre en acción.
Es lógico que ante los cambios, al acercarnos a lo desconocido, el reptil y el mamífero que llevamos dentro salten y nos digan “Cuidado”, pero es allí donde debemos hacer el esfuerzo de darnos la oportunidad y hacernos humanos. Ayer fue un día histórico, el país dio un paso trascendental al firmar el tercer punto del acuerdo de paz, el cese al fuego bilateral, es momento de razonar para crear una nueva Colombia.
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