Afanosamente el centro político será conformado entre el 12 de marzo y el 26 de mayo, lo tratarán de armar cada uno por su lado desde las campañas de Vargas Lleras, Fajardo y Humberto de la Calle. Esa trifurcación hará imposible la construcción de un centro fuerte, por obvias razones: será una rapiña de votos para tres vertientes. El centro político en esta elección está condenado a ser disuelto porque los dos candidatos de los extremos, la derecha y la izquierda, también estarán al mismo tiempo atrayendo ese electorado.
Pero ante la polarización desatada desde la campaña para el plebiscito, el electorado con comportamiento concurrencial a las urnas ya está dividido, agrandada la brecha por la seguidilla de ataques y enfrentamientos del año 2017, con secuelas en la estima de las personas, el orgullo y sentimientos de odio inyectados, una secuela nefasta que terminó por polarizar a amplios sectores de la población. Entonces, los ciudadanos votantes polarizados o radicalizados, evitarán jugar a ser del centro político, y apoyarán al más afín de los extremos del campo ideológico.
Como ninguno puede ganar en la primera vuelta electoral (ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda), los tres campos del espacio político están fragmentados, entonces el mismo sistema electoral de dos vueltas constitucionales, y en este caso inevitables, hará que se anticipe la segunda vuelta desde la primera vuelta, en el sentido de la toma de posiciones. Y en la segunda vuelta electoral se repolarizarán.
En medio de la polarización el centro político no funciona porque los temores por el triunfo de uno de los dos opcionados crece, entonces la gente se radicaliza más.
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