El jueves pasado el Tribunal Supremo de Venezuela suspendió de sus funciones a la Asamblea Nacional, ente en el que la oposición tenía la mayoría tras los resultados de las elecciones del 2014. Esta es la última de las jugadas de Maduro con las cuales desconoce la democracia. En Venezuela hay una dictadura, finalmente dijeron diversos gobiernos del continente.
¿Cómo llegó a ese punto nuestro vecino? Paso a paso. El resultado es producto de 20 años de “pequeños” irrespetos a la democracia, de grandes cantidades de dinero para comprar respaldos, de reformas constitucionales para favorecer a unas minorías pero sobretodo de la apatía de los ciudadanos que no se preocupan por lo público ¿Estamos recorriendo nosotros el mismo camino? Sí, hace mucho tiempo.
La puerta la abrieron las reformas constitucionales en el gobierno Uribe que alteraron los balances de los poderes, oportunidad que ha capitalizado Santos. Tras el acuerdo de La Habana, los resultados del plebiscito y el fast track, importantes reformas se están adelantando sin que se consulten todas las miradas ni se respeten todas las posiciones.
El Chavismo se instauró en Venezuela con argumentos sociales tan loables como la seguridad democrática y la paz con las que hemos justificado en nuestro país los atropellos a las instituciones. Las reformas per se no son malas. Lo malo es que se hagan para imponer a la fuerza una visión de sociedad. ¿Es eso lo que está pasando? Que las reformas se hagan a la carrera, a pupitrazo y sin debate es lo que pone en peligro un país. ¿A dónde nos va a llevar la ruta que imponen los caudillos de turno? No podemos seguir siendo un país sin brújula al vaivén de los intereses particulares de unos pocos.
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