Como todos los años, el 2018 se inicia con grandes expectativas, retos y propósitos. Sin duda, nuestro país tiene muchos temas que sacar adelante. Las elecciones, la recuperación económica, la inseguridad, la crisis de la salud, los endebles diálogos con el ELN, la compleja implementación de los acuerdos con las Farc y la corrupción son algunos de los asuntos que enfrenta Colombia. Por los lados de nuestra región las agendas del Valle y de su capital tampoco son sencillas.
Cali tiene los mismos pendientes: viabilizar el MIO, devolverle la competitividad a Emcali, encontrarle salidas a los problemas de movilidad y combatir la delincuencia, asuntos en los que, si bien se ha trabajado, no se ven avances que satisfagan a los ciudadanos.
Todos los retos son complejos y las alternativas que se plantean para superarlos generan polémica. La polarización y la confrontación se han vuelto constantes en nuestra sociedad, condiciones que dificultan el avance.
Sin duda, es importante encontrar nuevos lenguajes y formas en relacionarnos que nos permitan avanzar en las soluciones sin deteriorar las relaciones. No podemos seguir por la senda en la que nos han metido las redes sociales, lideradas por personas que se esconden en el anonimato para viralizar mensajes cargados de “cizaña” y muchos de ellos plagados de mentiras.
No estoy invitando a creer que Colombia es el país más feliz del mundo ni que Cali es la segunda mejor ciudad para vivir en el planeta. Como dijo Yerry Mina, “con los pies en la tierra y los ojos en el cielo”, espero que en el 2018 seamos capaces de solucionar nuestros problemas y de recomponer nuestros valores como sociedad. Lo cierto es que en el 2017 no hicimos nada más que confrontarnos…
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