Ecos de Grafficalia

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Grafficalia, el festival de gráfica urbana para la paz en que participaron graffiteros nacionales e internacionales, dejó plasmados sobre los muros de las laderas varios mensajes de paz y vida.

La Alcaldía, apoyando esta expresión cultural tan antigua como el hombre, hace un reconocimiento oficial del arte popular. Son graffittis, por ejemplo, los dibujos prehistóricos al interior de las cuevas de Altamira. Quién no recuerda la palmada y el regaño de que “la pared y la muralla son el papel del canalla”, que nos ganábamos cuando aprendiendo a leer, escribíamos y dibujábamos en las paredes.

La modernidad citadina llegó a censurar como subversivos los graffitis. Pero estos hacen parte de la estética popular urbana en América, que Patricio Falconí en su libro “Esa maldita pared”, dice que son mensajes garrapateados en un muro, con spray o con brocha, siempre concisos, humorísticos y como el ají, picantes y sabrosos. Grafficalia, tuvo la buena suerte de que en esa semana nuestras salas estrenaron el filme “Los días de la ballena” (2019), ópera prima de Catalina Arroyave. La cineasta antioqueña narra la historia de Cristina y Simón, dos jóvenes graffiteros que padecen adversidades en su ejercicio en la violenta Medellín.

El caleño Oscar Ruiz Navia, con “Los hongos” (2014), innovó la temática de homenajear cinematográficamente a los graffiteros. Merecido, porque uno de los atractivos turísticos de Cali es su fama de ser una ciudad de gran peso artístico graffitero. Al viajar por las ciudades y observar los graffitis sobre los muros, intuiremos la felicidad o la rabia de sus gentes. Me dijo un graffitero: Pienso… luego graffiteo.

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