El periodismo hace parte de las profesiones humanistas: los educadores siembran de saberes a los analfabetos, los abogados defienden los derechos de los que reclaman justicia, los médicos le restablecen la salud a sus pacientes y los periodistas investigan y comunican la verdad. Cotidianamente los periodistas abren la ventana de mirar el mundo. Pero al periodismo también hay que reconocerle que cumple la misión de mediar entre los mandatarios y los gobernados, entre los empresarios y los trabajadores, entre los violentos y los pacíficos. Por eso, en el día del periodista, quiero ofrecerles mis apologías a los comunicadores que ejerzan esta profesión con la dignidad de informar con imparcialidad, acogiendo la misión de culturizar a los lectores y asumiendo el rol de promotores de la paz.
Los periodistas que ejercen la información con ética no inventan historias, ni plagian a sus colegas, ni su única fuente es el Internet. Ellos siempre escriben con compromiso social, son cultores permanentes del lenguaje, acusan con pruebas y jamás profesan la arrogancia. Los buenos periodistas no confunden entre lo nuevo, lo obsoleto, lo espectacular, lo light y lo importante. Ellos son conscientes de que el posicionamiento de los diarios en las economías de mercado en gran parte dependerá de la calidad de sus contenidos y la aceptación de los lectores. En este día, cuando el periodismo colombiano cumple doscientos veintidós años, desde que circuló el primer número del \”Papel Periódico de Santafé de Bogotá\”, de don Manuel del Socorro Rodríguez, quiero exhortar a los periodistas con las máximas de Joseph Pulitzer: \”Nunca tolerar las injusticias, ni la corrupción. Siempre oponerse a los privilegios. Nunca sesgar la información. Siempre escribir la verdad\”.
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