¿Dos hechos aislados?

Rodrigo Fernández Chois

A los economistas nos ven como individuos fríos, calculadores y distantes. Extraños seres encerrados en torres de marfil midiendo y analizando los vaivenes de la producción, los precios y el empleo.

Nuestro talante científico hace que nos comportemos así. Sin embargo, hay también una pisca de humanidad, sensibilidad e incluso amor en torno a la disciplina que estudia la asignación de los recursos escasos. ¡Al fin y al cabo somos hombres y no extraterrestres! Existen dos distinciones: economía positiva y normativa. La primera estudia lo que es y la segunda lo que debería ser; y “debería” implica juicios éticos y morales.

Larga introducción para referirme al impacto emocional que me causó una emisión noticiosa en días pasados. Me hallaba en un sencillo restaurante almorzando lo que llamamos un “corrientazo”. Un televisor a unos metros expelía información noticiosa que suelo evitar en búsqueda de una paz interior. Las imágenes llamaron mi atención.

Primera escena: una muchedumbre venezolana con hambre atravesando la frontera para adquirir comida y medicinas en nuestro país. Imaginé el efecto inflacionario de la embestida, pero un tendero colombiano mostrando un fajo de billetes bolivarianos en una mano y su equivalente en pesos en la otra dijo: “esto es un salario mínimos en Venezuela, 50 mil pesos”. Impacto inflacionario cero.

Segunda escena: departamento de Antioquía. Un montón de campesinos  arroja a la calle más de un centenar de kilos de alimentos y otros tantos litros de leche en protesta por el paro camionero. Imposible no sentir rabia ante estos dos hechos y repudiar, a quienes teniendo el poder para lograr que sea lo que debería ser, no lo hacen.

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