A causa de mi ejercicio profesional soy un pasajero frecuente del transporte aéreo y principalmente de Avianca, por lo cual tengo que sufrir los abusos que esta aerolínea comete a sus pasajeros, tales como: cancelación de vuelos sin previo aviso, esperas interminables tanto en sala como en el avión, en Bogotá o en la ciudad de destino, y, la última, bajada del avión porque la tripulación cumplió jornada laboral.
Y a todas estas, las autoridades guardan absoluto silencio.
La recurrente explicación de Avianca es la de tráfico aéreo y el mal tiempo, pero qué tan raro que este problema se presenta solo con esta empresa y en una intensidad que ya nos tiene a sus usuarios afrontando sobrecostos que no tenemos por qué afrontar por causas que son imputables única y exclusivamente a Avianca; además hay compromisos profesionales que se deben cumplir a una determinada hora y no tres horas después, como me ocurrió en un vuelo de Bogotá-Cali la semana pasada.
Al mal servicio, tenemos que decir que ya la aerolínea subió el costo de los pasajes, mientras tanto la Superintendencia de Transporte guarda absoluto silencio, el director de la Aerocivil y la Ministra de Transporte reconocen el problema, saben del caos aéreo, pero los usuarios no vemos solución.
DE OTRA PARTE.- Después de veinte años el presidente Andrés Pastrana da su versión de lo que se denominó el proceso 8.000, la cual, no solo es tardía sino que deja muchos interrogantes y un pésimo sabor, comparto lo del expresidente Gaviria, denota amargura el autor del libro.
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