Dolor Pacífico

Hebert Celín Navas

Los hechos  acontecidos  en las últimas semanas en el departamento del Chocó y en Buenaventura dan muestra del enorme problema social que se ha incubado en toda nuestra costa Pacífica, durante muchos años de abandono y corrupción que han llevado a todo el andén del Pacífico  a ser una de las bombas sociales más peligrosas del país.

Si bien es cierto que la clase dirigente local tiene responsabilidad en la situación, por las malas administraciones que históricamente ha habido en casi todas las poblaciones del extenso y rico territorio del litoral, no es menos cierto que desde los centros de poder de Bogotá tampoco ha existido la preocupación real por el desarrollo de esta región que sin duda tiene un enorme potencial económico para  el país. En el caso de Buenaventura hablamos del principal puerto internacional de Colombia.

En pleno proceso de postconflicto la atención que los gobiernos le den al Pacífico será una de las apuestas más importantes para lograr la paz, hay que desactivar las economías ilegales del narcotráfico y la minería ilegal y que la gente tenga una alternativa diferente al mototaxismo y la venta de minutos.

El país no puede seguir siendo indolente ante esta situación, debe haber una cruzada nacional  para establecer un verdadero plan de desarrollo para el Pacífico y sus gentes donde confluya el

Estado en su conjunto y la sociedad civil en general, la biodiversidad, el potencial hídrico, la  minería responsable, el turismo, la agricultura, la diversidad cultural deben ser entre otros sectores puntas de lanza para desarrollar un potencial económico sin precedentes en la región.

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