La promoción en la cartelera o su proyección en las salas, tal vez nos recuerde a Naturalia, ese bello programa que doña Gloria Valencia de Castaño presentó durante 20 años en la televisión colombiana.
Naturalia nos emocionaba con sus cortos sobre la naturaleza, aunque los niños de entonces todavía podíamos correr por los bosques y espantar las bandadas de pájaros, cazar mariposas para los insectarios, pescar en las riberas y bañar en las aguas diáfanas de los ríos.
Si la incipiente televisión en blanco y negro nos dejó huellas indelebles en la memoria, ¿qué provocará Colombia magia salvaje, documental de Mike Slee, en los niños citadinos que hoy sólo ven ríos contaminados y muertos, que sólo escuchan noticias de incendios forestales y que por la inseguridad y la pobreza nunca los han acercado a la belleza natural de nuestras regiones? Colombia magia salvaje, más que la intención de mostrar la belleza paisajista, advierte sobre las consecuencias de la tala de los bosques, la minería ilegal, el tráfico de especies, la contaminación de los ríos, la quema indiscriminada y la explotación agrícola. Genera consciencia ambiental y un compromiso colectivo en defensa de nuestra rica biodiversidad.
Si La Batalla de Chile (1972-1979), de Patricio Guzmán, fue el mejor documental del siglo pasado, de índole político, Colombia magia salvaje, de Mike Slee (2011-2015), se posiciona como el documental monumental del siglo XXI que innova la línea ecologista, filmado en nuestro territorio por un gran equipo de 30 científicos y 57 cineastas. Con la más alta tecnología explora durante cuatro años 85 locaciones y 20 ecosistemas para mostrarnos aquello que no conocemos de nuestra nación privilegiada por su biodiversidad y ubicación geográfica.
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