Esta disyuntiva a la que se enfrentan a menudo autoridades, líderes, militares y periodistas además de todos los colectivos poseedores de hegemonía es el motivo de iniciar esta discusión.
La tarea de reflexionar sobre la conveniencia de divulgar u ocultar información sobre temas sensibles se vuelve forzosa, porque con el sobrevenir del tiempo se observa un incremento en la manipulación y la tergiversación por parte de los beneficiarios del poder.
Las justificaciones que se invocan para ocultar hechos, resultados e intervenciones varían desde preservar la seguridad pública hasta el maquillaje de la ineficiencia administrativa.
En Colombia tenemos vedados los accesos a datos de asesinatos y de desaparición forzosa o están maquillados como el índice de desempleo, los beneficios fiscales a los grandes contribuyentes, los montos de los subsidios agrícolas para la agroindustria, hasta los montos de las excepciones creadas para fortalecer el empleo que se transforman en posibilidades para evadir obligaciones tributarias y laborales.
Noam Chomsky es el único entre los pensadores progresistas de USA que ha realizado análisis críticos al método y al porqué se maquillan y transforman realidades que impulsan al colectivo hacia resultados preestablecidos. Él en su escrito “El control de los medios de comunicación” lo demuestra.
Actualmente el papel de los comunicadores se cuestiona porque muchos se han vuelto adictos a la mermelada y al ensalzamiento por parte del establecimiento, lo cual consiente tergiversaciones en la información. Las verdades pueden ser muy duras como los audios publicados de la cabina del vuelo malogrado, pero de estas nacen los cambios que el modelo social necesita implementar, evitando fracasos a futuro.
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