Ante la crisis colectiva de valores y la pérdida de perspectiva histórica que tanto preocupa a don Umberto Eco, prestigioso pensador italiano y que a los colombianos nos afecta enormemente, es bueno que vayamos pensando si alguno de los candidatos presidenciales disponibles para ser presidente de la Nación esté dispuesto a cambiar este país en aspectos que tanto daño nos hacen.
El Gobierno actual cree que hay dinero para todo, y que todo se arregla con exenciones tributarias, perjudicando notablemente a la clase media.
Siempre que se presentan problemas se acude a las promesas de ofrecer cheques con muchos ceros a la derecha, los que regularmente sólo se quedan en eso, en ofrecimientos.
La ineficiencia estatal es el común denominador. Cuando los transportadores amenazan con paros y bloqueos por el alza constante en los combustibles, el Gobierno sale a ofrecer subsidios que a corto plazo no solucionan nada, cuando su principal preocupación sería la de mejorar las carreteras.
Los congresistas y magistrados ordenan gastos por doquier y se benefician de pensiones privilegiadas sin aportar un peso al sistema de salud gracias a los acuerdos políticos con el Gobierno central, mientras al resto de colombianos se los traga la injusticia social cuando no la informalidad.
A los acueductos y alcantarillados se les gira recursos insuficientes, con el agravante de ser birlados.
La política social en Colombia se basa en repartir cheques que la corrupción permea y, por tanto, deja obras inconclusas. Nuestra patria requiere hoy un mandatario que al menos no ofrezca tantas mentiras, y que esté dispuesto a crear riqueza y que ésta sea debidamente repartida, no como mermelada en pocas manos sino en beneficio de todos. Colombia lo merece.
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