Todas las señales en materia económica nos están diciendo que vamos hacia una desaceleración.
Las cifras dicen que hay una contracción que se está acrecentando por causa de distintos fenómenos económicos y que es necesario frenar para evitar mayor inflación, carestía y sobretodo evitar que la tasa de desempleo se dispare.
En el primer trimestre de este año se dio un crecimiento del 3 % mientras que en el segundo no se registra ninguno.
El propio Banco de la República ha previsto que al final del año el PIB sería de un pobre 1%, lo que generaría desconfianza en los mercados internacionales y en el doméstico una crisis inflacionaria cerca al 10%.
Ante un diagnóstico tan preocupante, la receta de los economistas es aplicar un dinamismo al sector público para que haya una fuerte inversión en infraestructura y obras pública en general, tomar las medidas recurrentes en las tasas de interés e impulsar las exportaciones tanto las tradicionales como las de innovación en bienes y servicios.
Yo añadiría que se necesitan planes urgentes de contingencia por parte del Estado para buscar que los inversores nacionales no se sigan llevando los recursos a Estados Unidos y a otros países con el temor de perder su capital en un mercado debilitado que tiene una moneda muy devaluada frente al dólar.
Una propuesta puede ser la de bonos de la nación que ofrezcan un interés mayor que lo que ganan en mercados americanos para garantizar la permanencia de esos recursos en el ecosistema nacional.
Colombia no puede caer en una desaceleración que continúe afectando los bolsillos de los colombianos y endeudando más a una nación que ya tiene una deuda pública de más de US $187.000 millones.
El gobierno nacional debe promover un paquete de decisiones tendientes a atraer la inversión extranjera e impulsar las iniciativas empresariales que dinamicen el mercado nacional propiciando el empleo productivo y la productividad en los negocios.
Pienso que el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, debe liderar una política de estímulo a la inversión y a la generación de ingresos a partir de un diálogo permanente con los sectores productivos para reactivar los distintos sectores de la producción y evitar caer en un ” estancamiento económico” de graves consecuencias en el crecimiento social comenzando por el campo colombiano, que es el escenario en el que se debe combatir la inseguridad alimentaria y los altos costos de la canasta básica familiar.
Para el presidente Petro como jefe de gobierno, hasta los empresarios, gremios de la producción y centrales obreras es urgente hacer un pacto para mejorar las condiciones de vida y el mejorestar de las comunidades a partir de una economía que esté al servicio de todos con pleno empleo e inversión social.
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