Nuestro ámbito urbano se rige por la dualidad entre dos modelos, el minimalista y la voluptuosidad. Esta disputa sobre cuál prevalece ha incidido para impulsar preferencias de moda, color y diseños, además de marcar una división de clases y cultura.
Ella alimenta en el segmento popular el narcisismo por las formas exageradas en senos y nalgas de las señoras o en pectorales y brazos de los hombres, pero esa búsqueda de satisfacción personal induce a la ansiedad y ofuscación cuando no se accede al patrón creado artificialmente por los promotores de imagen.
Del otro lado en el segmento privilegiado subsiste la búsqueda de la delgadez en ambos géneros aunada a la simpleza de colores y de estilos, auspiciando un entorno sin excesos. Comida light al extremo, vegetarianismo impulsivo y obstinación por lo natural son objetivos de este grupo al que la depresión llega por cuenta de si la báscula se excede al estereotipo.
Ambas tendencias se observan en la clase media, fomentando el uso de cirugías correctivas, implantes o dietas alimenticias extremas, sumergiendo a los usuarios en tensionantes procesos para obtener resultados inmediatos.
Por eso encontramos en las noticias las historias de muchas mujeres que incurren en errores mortales al consultar con teguas los cambios estéticos, ante la incapacidad económica de realizarlos con profesionales de trayectoria reconocida.
¿Hasta donde vamos a permitir que la esclavitud de modelos implementados de manera artificial ceguen mas vidas o carguen de inseguridad y depresión a mas gente? Todo esto ocurre porque hemos permitido la instauración de una cultura de obsesión por el cuerpo.
¿Somos solo cuerpo o aún la inteligencia y el razonamiento tienen espacio en esta sociedad?
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

