Ante la realidad de un Estado desfinanciado, en donde el equivalente al 50% del PIB ya está comprometido con la banca multilateral, es menester que el nuevo gobierno avance hacia una eficiente gestión administrativa que permita acometer las grandes transformaciones que prometió y que requiere la nación para alcanzar mejores niveles de desarrollo social y económico.
Sin embargo, la única iniciativa presentada es la reforma tributaria, que es a no dudarlo, la “piedra angular” en la que se fundamentan los cambios estructurales en la seguridad social, la salud, la educación, la vivienda, la seguridad ciudadana, el sistema electoral entre otras, que anhelamos los colombianos para superar nuestras actuales condiciones de vida.
En este sentido, se han hecho diversos pronunciamientos oficiales, como el de la de la vicepresidenta Francia Marquez, para crear un Ministerio de la Igualdad; la de la ministra de Salud para transformar las EPS; la ministra de Cultura para fomentar las manifestaciones artísticas; la ministra del Trabajo, que anunció una reforma laboral, al igual que la experimentada ministra de Agricultura, Cecilia López, que expresó la voluntad gubernamental para concebir por fin una reforma agraria integral.
Para hacer viables éstos propósitos, el ministro de Hacienda tiene que lograr la aprobación en el Congreso de la República de un nuevo régimen de impuestos que posibilite la inversión de los sectores productivos, generando tranquilidad y confianza a los distintos grupos poblacionales, precisando que los gravámenes sean progresivos, es decir, sin afectar a los de menores ingresos e iniciando por recortar los gastos innecesarios del Estado para contener una dura inflación, la que ya llegó al 10.84%, y una devaluación que crece de manera desenfrenada.
Sumado a lo anterior, el presidente Petro ha propuesto una producción limpia y no extractiva en momentos en que Colombia depende en gran medida de sus ingresos por cuenta de la exportación de hidrocarburos, haciendo más difícil la transición a energías como la eólica y la solar.
La única certidumbre es que se requiere de recursos frescos para cumplir con un programa de gobierno calificado como el más ambicioso de los últimos tiempos.
El equipo de gobierno no puede ocuparse simplemente de los grandes anuncios, sino también de estructurar la normatividad correspondiente para el ajuste fiscal combinado con la demanda de financiamiento requerido para asumir los mayores gastos dedicados a la ejecución de programas sociales, porque los presupuestos aprobados sin la plata disponible serán una mera ilusión convertidos en “huecos” sin subsidios, como el que se aplica a la gasolina que debe resolver de manera inmediata el Ministerio de Minas y Energía.
El Presidente de la República tiene que enviar mensajes de tranquilidad al tejido empresarial para que no se frene el desarrollo productivo nacional, comenzando por hacer respetar la propiedad privada, la vida, la seguridad ciudadana y los derechos humanos en todas sus manifestaciones. Señor Presidente, es diciendo y haciendo.
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