A partir de este 15 de diciembre aproximadamente, los caleños viviremos, a diferencia de otros años, un verdadero infierno, porque el fracaso de la movilidad convertirá a la ciudad en un verdadero caos. Los sectores comerciales se transformarán en unas verdaderas trampas y en un golpe mortal a la calidad de vida, pues la congestión implicará que no se sabrá si se entra o si se puede salir ileso del trancón y la delincuencia.
Este 2019 tendremos que hacer los mismos recorridos, pero la cruda realidad nos azotará todos los días, pues el genio de la movilidad traído grotescamente de Bogotá decidió estrechar, con los mal llamados taches, los pocos senderos que eran transitables, convirtieron tanto el centro, como el norte y el sur en un verdadero maremágnum, donde estos técnicos no tuvieron en cuenta la opinión de la comunidad.
La calidad de vida en este diciembre se reducirá de manera implacable, pues el tiempo de transporte se duplicará para favorecer en las ciclorutas a ciclistas fantasmas.
Lo más grave de todo es que en el cercano sur, por donde pasa la Calle de la Feria y con la Calle Novena reducida a un callejón, que era la vía expedita para solucionar el tráfico de sur a norte ante el cierre de la Pasoancho, los trancones que ya se están formando desde hace días, le indicarán a los sabios de la movilidad que la embarraron y lastimaron en materia grave la alegría de la Navidad y de nuestra Feria. Es una lástima que en ésta, la penúltima columna del año, la realidad de la crisis vial me haya quitado el tema de destacar: la importancia de la Feria y la exitosa gestión de mi amiga Luz Adriana Latorre.
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