¿Diálogos obligatorios y eternos? ¡NO!

Lo que realmente está sucediendo en La Habana se conocerá después, y el registro será impreciso porque la historia es reacia a dejarse narrar con precisión.

A estas alturas, entonces, la única opción es la de comentar solo aquello que se conoce Públicamente.
Parecería que las obvias diferencias son tan profundas, que han impedido llegar a coincidencias sobre el objetivo y la estructura del proceso.

Las posiciones son tan distantes, que ninguna de las manifestaciones que se han hecho desde Cuba hace posible identificar acuerdo en estas materias.

Por otra parte, hay actitudes y asuntos que preocupan aún más. La insistencia de las farc en que el preámbulo del acuerdo base permite abocar cualquier materia, durante un período indefinido, obliga a poner el semáforo en amarillo.

Y si a lo anterior se agrega el contenido de la comunicación que esa organización le dirigió al Cicr, en fecha reciente, las preocupaciones se transforman en verdadera alarma.

En resumen, lo que plantearon apunta a que se las deje de considerar como organización terrorista para transformarse en sujeto de Derecho Internacional, y a que el documento que suscribieron con el Gobierno haga parte de la Constitución de Colombia. Así de claro.

Pero no paran ahí. Guardan silencio sobre el cumplimiento de los mínimos humanitarios para proteger a la población civil y plantean acuerdos especiales en procura de estrenar la nueva condición jurídica a la que aspiran.

El Gobierno no puede guardar silencio. Una cosa es la discreción hija de la prudencia y otra la omisión dañina sobre asuntos de tanta gravedad.

Cuando se trata de aspectos de semejante trascendencia, como es la pretensión de los diálogos obligatorios y eternos, el país reclama un rechazo claro y contundente.

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