Desde 1972, la ONU declaró el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente para impulsar sociedades que aseguren naciones con un futuro más seguro. Medio siglo después cabe preguntarnos: ¿cuáles son nuestras responsabilidades ante el estado de postración del planeta?
¿La familia, las comunidades, la educación, la industria, la Iglesia y el Estado, como contribuyen en la salvación del planeta? De nada vale que los colegios celebren la fecha con hermosas carteleras y loas ecológicas, mientras hay bulla ensordecedora, sus instalaciones lucen sucias y con ausencia de zonas verdes y jardines. Son ineficaces los liderazgos cuyas comunidades sigan atestadas de basura. En mayo de 2007 el Episcopado Latinoamericano y del Caribe reunido en Brasil emitió el Documento de Aparecida donde expresa su “preocupación por la devastación de los bosques y la biodiversidad”, pero sigue engavetado.
El Ministerio del Medio Ambiente hace parte del Estado, mientras la minería ilegal sigue desviando los ríos y devastando los ecosistemas. La industria es renuente de los compromisos para bajar el calentamiento global.
Como POSDATA, en el Día Mundial del Medio Ambiente, es oportuno destacar al Colegio de Santa Librada por cultivar y cuidar sus 128 árboles donde anidan libres 20 especies de aves, en un área de 10 mil metros cuadrados, donde el 40% es de zonas verdes y jardines. De igual manera a la sede Teófilo Doronsoro del Colegio Gran Colombia en Buga por su proyecto ambiental de huertas urbanas, que está planeado de manera interdisciplinaria con las demás áreas del currículo.
Qué bueno sería el estímulo económico y material por parte del Gobierno para apoyar los proyectos de las instituciones con méritos ecológicos.
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