A las ferias no sólo asisten lectores y compradores. Nos topamos con los escépticos a la lectura que les dolería gastar un peso en libros. También con quien a la topa tolondra buscan un título para regalarle a un amigo suyo que aspira conservar. Van libreros para quienes las ferias son el río revuelto donde pescarán títulos escasos a precios baratos.
En mi caso escudriño hasta que hallo algún “incunable”, por ejemplo, en una feria adquirí Historia de un deicidio, única edición, restringida por el mismo Vargas Llosa. Este año quedo satisfecho porque madrugando adquirí el único ejemplar que trajeron “Poesía en la canción popular latinoamericana”, 2008, de Darío Jaramillo Agudelo.
Sabía que desde muy joven su autor había incursionado como poeta, al punto que ocupa destacado lugar en las antologías posteriores al parnaso colombiano. Que pronto se ganó el elogio de reconocidos críticos y en 1978 se acreditó el Premio Nacional de Poesía. Después demostró que narrar y poetizar son dos talentos que en él confluyen perfectamente, lo evidencia en sus cinco novelas: La muerte de Alec, Cartas cruzadas, Novela con fantasma, El juego del alfiler y La voz interior.
Pero el poeta y novelista, quiso completar su triada con su ensayo de 430 páginas, resultado de cinco años de investigación y de audiciones musicales, 2003-2008. Darío pregunta: ¿Es posible hallar poesía para leer en la canción latinoamericana? Entonces confiesa su culpa: “Este libro es una deuda que tengo que pagar como se pagan las deudas del amor. Una deuda con más de la mitad de las canciones que he oído en mi vida”.
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