“Hoy es 3 de octubre. Ayer los colombianos votaron masivamente por el Sí en el plebiscito. Se acabó la guerra, cesaron los secuestros, se acabó la extorsión…” Palabras más, palabras menos así describe la situación uno de los comerciales que promueve el Sí. En aras de lograr un resultado positivo, la estrategia del Gobierno desconoce la realidad del país y vende una ilusión que será flor de un día.
En primer lugar, obvia que las Farc no son el único generador de violencia. El ELN tiene como estrategia de financiación el secuestro y las bandas criminales se apalancan en la extorsión. El 3 de octubre, desafortunadamente, esos dos flagelos no habrán desaparecido.
Por el contrario, algunos analistas opinan que la desmovilización de las Farc producirá una lucha por sus territorios que aumentará la criminalidad, incluidos los homicidios selectivos. Los colombianos deben llegar a las urnas con los pies en la tierra. Como consecuencia de un triunfo del Sí muchas cosas cambiarán. Sin embargo, no se puede tener certeza de que los cambios serán para bien. El 3 de octubre empezará una carrera legislativa con amplias facultades para el Gobierno que podrá introducir cambios en la Constitución, desconocemos los 49 proyectos legislativos que se alistan y no podemos anticipar qué resultados tendrán en el largo plazo.
El acuerdo con las Farc lo conocemos, las facultades a Santos son un cheque en blanco que cobrará en pocos meses y a pupitrazo en el Congreso. ¿Tenemos un ejecutivo y un legislativo a la altura para que con estos cambios el nuevo país no resulte un adefesio? Hay que votar conscientes de que el futuro es incierto. En ese sentido, el país se le está entregando a Santos.
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