Como lo expresa Ricardo Sánchez en el prólogo a mi libro Partidos políticos y populismo, los factores que alteran el funcionamiento de las democracias son: “La corrupción, la violencia y las guerras. La democracia, tal como la vivimos hoy en día, es principalmente la expresión de intereses crea-dos en contravía de las expectativas generales de la ciudadanía del común”. Esos intereses creados por las élites de los gremios y de los partidos políticos se apoderan del aparato estatal para manipularlo.
Una opción de la población irredenta es ensayar nuevos gobernantes, surgen los populistas de izquierda y derecha, unos otorgan movilidad social transitoria, otros cumplen, pero no transforman el aparato del Estado porque quedan entrampados en la maraña normativa vigente, y otros extreman las “soluciones”, alterando la institucionalidad y la carta de derechos constitucionales.
Ricardo Sánchez hace una observación y disección de la Democracia y sus malformaciones, desde que se inicia la época de la segunda postguerra mundial hasta hoy (1945-2019); precisamente la devastación de Europa hizo repensar la institucionalidad mundial y se creó la ONU como organismo multilateral, desde allí se podría evitar una tercera guerra mundial y monitorear las democracias para hacer cumplir las cartas de derechos de las tres generaciones, las dos en funcionamiento (derechos humanos y derechos sociales), y los nacientes de tercera generación: los derechos colectivos y del medio ambiente.
El Estado del Bienestar configurado constitucionalmente por la dinámica socialdemócrata funcionó para calmar, atenuar y mejorar la condición de vida en muchos países, pero la irrupción del neoliberalismo desde los años 80 hasta animar la globalización de la economía en los años 90 y remarcarla, hizo diluir las políticas públicas benefactores de los programas sociales.
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