El Presidente aboga por desescalar el lenguaje contra las Farc. Tratar con amabilidad y delicadeza a los gorditos de La Habana, colocando tapete rojo a los palacios, para cuando ellos lleguen en son de paz.
Lo que debemos desescalar antes es la corrupción politiquera, bajarles puestos y contratos; bajarle a la siembra, producción y comercialización de la drogas; bajar su consumo. Bajarle a la burocracia corrupta e inepta, bajar los exorbitantes impuestos cuyo destino no es lo social, bajarle presupuesto a los órganos del
Estado que prestan flaco servicio a la población, bajar las mega pensiones, bajarle a la mentira, a la mentira publicitada. Así, entonces, podemos llamar a toda suerte de delincuentes, bandidos, criminales, barbaros, salvajes que han cometido atrocidades contra nuestros compatriotas, contra nuestro medio ambiente, contra los recursos públicos, contra nuestra democracia, contra nuestra paz y armonía social, como señores, doctores o padres de la Patria o luchadores o forjadores, como se auto rotulan sin vergüenza alguna.
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