Desde el vientre hasta los poros (II Parte)

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

La identidad juvenil caleña siempre tendrá arraigada la salsa. Aquella espontaneidad rebelde propia de la adolescencia jamás extinguirá este sentir. Nos sucedió a los mayores en los años setenta cuando el rock que nos incitó a lucir ruidosas cabelleras al estilo de los Beatles, nunca desplazó de su olimpo a Richie Ray y demás dioses de la salsa.

Hoy, ni la euforia del reguetón, ni la tristeza fingida del despecho, dejará escéptico a ningún joven del milenio, cuando suenen los ritmos que entusiasmaban a sus padres y sus abuelos. Son fenómenos culturales urbanos determinados por la salsa y han sido objeto de investigaciones sociológicas, como por ejemplo, “La Salsa en Cali”, del profesor de la Universidad del Valle, Alejandro Ulloa.

Esta rigurosa investigación que en 1989 le hizo merecedor del premio “René Uribe Ferrer” sobre Culturas Urbanas en Colombia, descubre factores determinantes del fenómeno salsero caleño: la presencia cultural afrodescendiente, el proceso de industrialización y la ausencia de música propia en nuestra ciudad. Dos décadas después, Alejandro Ulloa complementó su investigación con “La salsa en discusión”.

Este fenómeno cultural urbano crece cada día hasta darle fama mundial a Cali, al punto que llegan oleadas turísticas de europeos ávidos de matricularse en alguna escuela de salsa. Luis Eduardo Hernández “El Mulato”, dirige la mayor escuela que pasea por el mundo el baile salsero caleño. Confiamos en la declaratoria del Ministerio de la Cultura.

Después habrá que fortalecerla, agigantarla y perpetuarla. Como ocurrió con el teatro y el ballet, Cali también merece que funden una Facultad Universitaria de la Salsa.

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