Desarrollo rural y posconflicto

Emilio Merino Gonzáles

La terminación de la confrontación armada en Colombia no determina el fin de las fuentes del conflicto; supone el comienzo de una nueva etapa.

Bajo la coyuntura actual se necesita una política de posconflicto rural dinámica: el sector primario compuesto por ganadería, agricultura, pesca, silvicultura y minería es el responsable de la generación de riqueza y crecimiento económico de Colombia en los últimos 43 años, situación que además se presenta en el 75 % de los departamentos del contexto nacional; los indicadores económicos arrojados por el reciente y más completo Censo Nacional Agropecuario, dramatizan la situación real que por décadas ha padecido nuestro campo colombiano: el 26,7% de los colombianos reside en el sector rural; el 20 % de los niños y jóvenes entre 5 y 16 años no asistió a ninguna institución educativa; el 70 % de los alimentos que se producen en el país vienen de pequeños campesinos; de los 21,5 millones de hectáreas de tierras con capacidad agrícola, solo se utiliza el 4,9%.

Consecuente con lo anterior se infiere la importancia de construir con las expresiones campesinas, indígenas, afrocolombianas y demás trabajadores del campo agendas inclusivas, integrales, que generen políticas de protección social coherentes.

Bienvenidos los esfuerzos realizados para lograr una paz completa y estable para los colombianos, sin la cual se seguiría generando atraso, violencia e inequidad en el campo colombiano, aceptando las observaciones serias y civilizadas que se le formulen a dicho proceso, porque la paz es algo más que la ausencia de guerra; la paz, por lo tanto, será la suma de la paz directa y la paz estructural.

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