Nueve días después el país sigue con el cuento de las elecciones. Cualquiera puede pensar en cualquier parte del mundo, que aquí en Colombia consumimos política por todos lados y que esa es nuestra idiosincrasia.
En parte es cierto pero nuestro país tiene problemas de orden social muy complicados que la política, de alguna manera, esconde. Pero, mientras la Corte Electoral resuelve las reclamaciones de algunos perdedores que se creen “tumbados” en sus votos, vale la pena decir algunas cosas.
Es inexplicable que después del 9 del mes en curso, los “grandes” partidos políticos salgan a decir, cada cual por su lado, que ganaron sobrados, cuando lo cierto es que entre votos no marcados, votos en blanco y votos deteriorados, más del 60 por ciento de los colombianos se pronunció en contra de ellos. Eso significa que tenemos una democracia frágil. Por eso es necesario el voto obligatorio, que atemoriza a los políticos, por temor al voto en blanco masivo; sin embargo, serviría para realizar el papel de colador y la política sería más transparente.
No podemos desconocer, igualmente, que muchos congresistas se hicieron elegir gracias a la compra de votos, específicamente en la Costa Atlántica, donde por primera vez ganó el Partido Conservador (mermelados), siendo una región tradicionalmente liberal.
¿Raro no? En algunos departamentos de esa parte del país eligieron, increíble, a varios con altísimas votaciones, sin importar que regiones como Sahagún, por decir algo, no tienen acueducto, lo que produce defunciones a granel por causa del agua contaminada que allí consumen, especialmente niños, que son los que por culpa de políticos desconsiderados, llevan del bulto.
Dios quiera que los congresistas nuevos impongan un nuevo modelo de hacer política. Colombia no puede seguir así.
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