Derechos de los pueblos gitanos

A propósito de la declaratoria del 8 de abril como día internacional de los derechos de los pueblos gitanos, por qué no añorar de la década del sesenta en nuestra otrora Sultana del Valle a aquellas oleadas de tribus nómadas que acampaban en los mangones.

De tales añoranzas las nuevas generaciones sólo han oído hablar en la canción “Los gitanos sí tienen sabor” de Celia Cruz y en algunas películas españolas. Pero los ayerones podemos recordar que los gitanos plantaban sus carpas en los terrenos despoblados aledaños a las primeras industrias de la zona nororiental de la ciudad, hoy barrios Olaya Herrera, Salomia y Manzanares.

En las tardes, sus hermosas mujeres con pañoletas, blusas y largos faldones de vistosos colores, salían a recorrer el paseo Bolívar ofreciendo a cambio de algunos centavos la adivinación de la suerte con sólo mirar las líneas de la mano.

Muchos señores se entusiasmaban, más que por indagar su destino, porque querían percibir de cerca sus bellos rostros, sus extrañas fragancias y sentir el roce de sus dedos.

Los chiquillos a escondidillas calmábamos nuestra curiosidad infantil de estar cerca a Melquiades, contrariando a nuestras madres quienes rumoraban que los gitanos robaban niños.

Y comenzó la extinción de los gitanos sin que alguna vez se perdiera ningún niño. Ahora de adultos nos enteramos de que en Colombia sólo quedan unos 5 mil gitanos, sin carpas y ya sedentarios, diseminados entre las urbes. Ellos también necesitan reconocimiento como pueblos étnicos minoritarios.

Que se cumpla el decreto 2957 del 6 de agosto del 2010, mediante el cual el Gobierno le reconoce los derechos sociales y culturales a la identidad gitana.

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