Rosa María Agudelo

Deliremos

Rosa María Agudelo

El inicio de año ha estado tan cargado de malas noticias que ir a la rueda de prensa de Delirio me recargó un poco las baterías.

Es reconfortante oír los planes de crecimiento que tiene la compañía que busca pasar en Cali de una a dos funciones al mes. Durante sus 11 años de existencia, Delirio ha sido un ejemplo de innovación, calidad y perseverancia empresarial. Todos quienes vivimos en el mundo de los negocios sabemos las afugias que se viven cuando se hace empresa. Las cargas que impone el gobierno, la competencia desleal, el contrabando, los productos “piratas”, la globalización, la tramitología…

Hacer empresa en Colombia es para héroes y en Cali para superhéroes. Es de sentido común, si los emprendimientos y proyectos arrancan y las empresas crecen se genera empleo y el empleo es la base del progreso. En contraste con las buenas noticias de Delirio, he escuchado a varios empresarios cuestionando el rumbo de Cali en materia de fomento a la inversión.

Varios megaproyectos se encuentran parados por la lentitud institucional para gestionar todo lo que ellos implican. No entiendo, ¿Por qué en Cali no se hace un frente común para volverla un polo de desarrollo empresarial? Maurice Armitage, un empresario exitoso, lleva las riendas de la ciudad. Nadie mejor que él para impulsar incentivos y ponerle acelerador a los proyectos, a grandes iniciativas. Tiene dos años para dejarnos un legado icónico.

Tiene que luchar contra molinos de viento reales: nuestra idiosincrasia, la corrupción y el “canibalismo” que nos carcome. Cuenta con algo, hay algunos “quijotes” que todavía “deliran” con una Cali en la que todo fluye, en la que los proyectos avanzan sin trabas, en la que los inversionistas creen.

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