Del odio y otros demonios

Los enfrentamientos entre el Partido Liberal y el Conservador entre 1946 y 1958 dejaron un período en la historia colombiana teñido de violencia, asesinatos, agresiones, persecuciones, violación y destrucción de la propiedad privada, y terrorismo (tras el alineamiento político), entre otros.

Los ‘chulavitas de Boyacá’ y los ‘pájaros’ del Valle del Cauca, protagonizaron actos atroces de vandalismo que generaron reacciones inmediatas como la migración forzosa hacia las grandes ciudades, delincuencia y bandolerismo. Las guerrillas liberales se convirtieron en las FARC, apareció el ELN y otros movimientos de insurgencia.

El Frente Nacional pacificó a Colombia después de 300.000 personas sacrificadas. ¿Queremos los colombianos volver a vivir esa tragedia?

Quien no conoce su historia está condenado a repetirla. A pocos días de las elecciones presidenciales, la campaña sucia, las injurias, las calumnias, las mentiras, el odio y la agresión son los instrumentos que se utilizan para atraer votantes. Los colombianos queremos la paz y no la guerra política.

Quedó expuesta la conspiración contra el proceso de paz, el deseo irrefrenable que algunos tienen de querer condenar indefinidamente el país al conflicto armado.

En esta campaña no está en juego el futuro político de Juan Manuel Santos y el de los otros candidatos. La elección presidencial del 25 de mayo definirá el rumbo que Colombia tome en el próximo medio siglo.

Tenemos una oportunidad histórica de avanzar hacia la paz, nuestros hijos y nietos nos juzgarán por haber sido inferiores a nuestra responsabilidad.

Joseph Goebbels, ministro de la propaganda nazi, pregonaba que una mentira repetida cien veces se convierte en una verdad. Ésa parece ser la política de la campaña uribista. Peligroso camino de odio que Colombia ya recorrió una vez y que quienes queremos la paz no estamos dispuestos a repetir.

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