Carmiña Navia Velasco

De la literatura al cine

Carmiña Navia Velasco

Muchos y diversos creadores deciden trasladar un texto literario a una cinta cinematográfica, es una práctica tradicional y siempre nueva.

Dos lenguajes distintos tratando de narrar los mismos hechos o actualizar los mismos personajes.

En general la mayoría de las realizaciones en este sentido no me convencen, no me gustan… creo que hay aventuras del lenguaje escrito u oral que no pueden expresarse adecuadamente con la cámara, pero claro es mi particular punto de vista que no pienso defender como el más acertado.

La puesta en escena de Cien años de soledad, por ejemplo, la soporté exactamente veinte minutos, después de los cuáles volví a mi José Arcadio y a mi Úrsula, a mi Macondo particular propio de mi imaginación.

No me pasó eso en cambio, con la película Pedro Páramo, dirigida por Rodrigo Prieto y disponible en Netflix, que disfruté mucho y de la que pienso que es una adaptación magnífica que recomiendo ver: la cámara logró capturar el lenguaje.

Creo que las cintas clásicas de Jane Austen en general están bien conseguidas… Igualmente la serie “La amiga estupenda” de Elena Ferrante.

Hay sin embargo obras literarias que no están hechas para ser trasladadas al cine.

Me pregunto si una de ellas no es precisamente La Odisea de Homero, tan en boga en una cinta por estos días. Me pregunto cómo la cámara en un flash puede expresar frases como estas:

Háblame, Musa, del varón de multiforme ingenio que en su largo destierro…

O: Y he de hacer por echaros encima las parcas funestas.

En últimas tengo que decir que la propuesta cinematográfica de Nolan como relectura del poema épico no me convence.

Demasiada violencia, muy poco trabajadas y logradas las figura femeninas y sobre todo cambios arbitrarios en la trama… ¿Por qué ese final tan distinto de la epopeya original? ¿En qué lo sustenta? ¿Por qué representar a Helena de Troya como negra? Son adaptaciones válidas para su propio gusto o imaginación pero no convincentes para un público amplio que esté familiarizado con el universo homérico.

Puedo afirmar en cambio que la película conocida en español como El regreso de Ulises (2024), dirigida por Uberto Pasolini me llegó mucho más.

El manejo de la cámara es extraordinario y precioso.

La figura de Penélope muy bien proyectada en un papel bordado por Juliette Binoche.

Pero claramente es fruto de algunas escogencias: No pretende narrar todo el poema, realiza un corte preciso y radical sobre la trama y trabaja una secuencia amplia y fundamental pero abarcable en el espacio/tiempo de 2 horas.

Se centra en un aspecto del drama que puede reflejar todo el universo semántico, permitiendo una adecuada profundización en el carácter y la tragedia de los protagonistas.

Las relaciones entre cine y literatura han sido siempre y serán muy complejas y la construcción cinematográfica inspirada en obras literarias muchas veces está únicamente guiada por intereses económicos, eso es un hándicap.

En mi experiencia como lectora y como profesora es más fácil y fructífero ver una película de una obra que no se ha leído y posteriormente acercarse a la obra escrita.

La película puede servir de abrebocas e invitar a ampliar los detalles que han permanecido escondidos.

En este sentido el encuentro con el texto literario se convierte en una especie de punto de llegada que puede ser más satisfactorio que el proceso a la inversa.

Mi conclusión es que hay que tener conciencia de la complejidad de la relación entre ambos lenguajes y no perderla de vista cuando nos enfrentamos a uno y otro.

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